A través del blog de Pablo Mancini nos enteramos de un artículo aparecido en El País sobre la exposición de João Onofre que tiene lugar actualmente y hasta el 20 de abril en la galería catalana Toni Tapies.
La obra de este artista portugués, según la nota del diario español, es un teatro unilateral donde no hay acción. […] Los actores especulan, pero nunca actúan.
Por medio de la exposición, Onofre se pregunta sobre la idea de representación haciendo hincapié en la máxima paradoja de este concepto: la posibilidad de representar la muerte. Antes de esta muestra, Onofre ya se había intentado explorar los límites de este concepto. Sobre todo a partir de dos fotografías realizadas en su estudio en las que se ve, en una de ellas, a un ilusionista haciendo un truco de magia y, en la otra, un buitre volando.
Estas imágenes son acompañadas por un certificado de laboratorio para probar que no han sido trucadas ni photoshopeadas. Esta suerte de prueba funciona para autentificar la realidad de la foto. De esta manera, la foto que ilustra la representación escénica de un mago haciendo un ejercicio de levitación marca un doble juego de simulación. La ilusión, la puesta en escena, la ficción propuesta por el mago se ve negada por el certificado que intenta probar la veracidad de la fotografía. La foto es real, lo representado no.
La exhibición actual en Barcelona retoma el tema de la muerte, asunto que ya había sido abordado por Onofre en 2005, en la misma galería, con su exposición Sin título (lugares de muerte autorizados en Lisboa), en la que se mostraban morgues, hospitales, cementerios y asilos en el plano de la ciudad. La muestra de este mes presenta, además de una entrevista video con el actor Thomas Dekker en el que se hace pasar por un alienígena, una serie de retratos fotográficos de personas que trabajan como sepultureros en el cementerio de Lisboa.
La idea de unir la representación artística de la muerte con la dificultad teatral de la posibilidad de un representación eficaz de este acto, recuerda sin lugar a dudas una performance teatral de Stefan Kaegi y el Rimini Protokoll llamada Deadline en la que varios expertos en el tema de la muerte (doctores forenses, empleados de velatorios, músicos de cementerios, enfermeras psiquiátricas, floristas y compañias de cremación) tratan de presentar un acontecimiento único, es decir que sucede una sóla vez en la vida de una persona, en un medio teatral, caracterizado por la repetición escénica. Los expertos en la muerte, presentan sus experiencias de manera objetiva, sin actuar. ¿Quién acaso puedo conocer más sobre la muerte que las personas que se relacionan con ella día a día en un ámbito profesional?
La obra teatral de Kaegi se hace las mismas preguntas que Onofre. ¿Cómo es posible representar con veracidad un aspecto como la muerte? Burlándose de las teorías stanislavskianas sobre la construcción del personaje, el Rimini Protokoll propone explorar lo inexplorable. Como en la obra del artista portugués, el principio de representación, su eficacia y valor, es puesto en tela de juicio mostrando sus límites y su porosidad.
















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