Hasta el 31 de agosto del 2007 está abierta la convocatoria para participar de la segunda edición del festival argentino Tecnoescena 08, manifestación dedicada a la experimentación escénica mediante la utilización de las nuevas tecnologías de la socio-comunicación.
En su primera edición, en el 2005, este proyecto de sensibilización en arte y tecnología se había manifestado como una experiencia pionera en el ámbito teatral de Buenos Aires. Efectivamente, a pesar de la efervescencia con la que las obras se producen y pasean por el circuito escénico porteño, la poca importancia que se le ha dado a la aplicación de los desarrollos tecnológicos en materia teatral es un elemento que merece reflexión. En este sentido, la intención de Tecnoescena 08 es darle la posibilidad a artistas nacionales y extranjeros de mostrar sus trabajos (obras de teatro, danza, videoarte, instalaciones) en el marco de un festival que fomenta e investiga (teórica y prácticamente) los lazos emergentes que unen al arte y a la tecnología.
El proyecto es un emprendimiento del sitio web alternativa teatral y de su director Javier Acuña, quién hace ya algunos años que intenta difundir estas nuevas tendencias por el parque teatral bonaerense. La iniciativa es más que alentadora ya que el evento tendrá lugar en el 2008, lo que supone un tiempo de preparación importante que, esperemos, podrá ser benéfico para la puesta a punta del encuentro.
Otro punto interesante es la especificidad de este tipo de proyecto. En efecto, en el área internacional ya comienza a ser más frecuente la circulación de espectáculos a carácter tecnológico, sin embargo los festivales consagrados exclusivamente a este tipo de manifestaciones no son legión. Desde esta perspectiva, es mucho más corriente la organización y la frecuentación de festivales de arte digital en general que la presentación de un evento focalizado básicamente en el arte escénico.

En cuanto a los teatreros tecnofóbicos, ésta es una posibilidad para olvidar los numerosos prejuicios que estancan a las estéticas dramáticas (o postdramáticas) tradicionales. En cuanto a los especialistas tecnofilios, ésta es una oportunidad para pensar y mostrar propuestas en la que el ingrediente tecnológico no sólo sea una escusa alrededor de la cuál gira un espectáculo vacío, aburrido o ininteresante.
Por esta razón, volver a impulsar una movida de estas características equivale a dar otro paso más hacia la difusión de una sensibilidad contemporánea que ya no se siente identificada con los grandes telones rojos y las pelucas blancas. Es más, en un mundo en el que la idea de la materialidad y de la abstracción están cada vez más presentes, un encuentro teatral de este tipo es hasta incluso necesario para que, mediante su evolución y su cambio, el teatro siga existiendo. Y poder disponer de este tipo de experiencia en Argentina, es todavía más motivador.
















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