
Sigismundo coge el pincel, nos mira fijamente mientras toca su barbilla, toma la notebook lentamente, desenfunda la cámara de fotos digital, abre el Photoshop mientras conecta el cable USB de la Cam, junta sus pinturas , coloca el lienzo lo más cómodo posible y se remanga su camisa blanca. Todo listo. Lo dejamos solo con silencio de análisis confundido, sin antes correrles las cortinas de su pequeña ventana, permitiendo que solo tres rayos de sol se intrometan y le cerramos la puerta lentamente evitando chillido alguno.
Antes de irme oso preguntarle, con temor:
-Sigi… ¿hoy que vemos?
Él responde sin mirarme: -Hoy observamos…
Y la puerta se cerró.






















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