“Yo nací en Viena en marzo de 1882,esto fue lo mejor que me pasó, el haber nacido judía y en la Viena finisecular, fue algo fantástico. Viena era el mundo de la cultura en ese momento, además donde los judíos podían desarrollarse con pocas dificultades.”
Melanie Klein
Un día nació, rompió bolsa y salio. Vio el mundo, conoció rostros, respiro el mismo aire que sus padres. Ese aire bastante contaminado de Freiberg, de la antigua Moravia, hoy Pribor, Republica Checa. Raro día para varios, un martes por la tarde seis de mayo de 1856 el primogénito del matrimonio conformado por Jacob y Amalia disfruto del primer día primaveral del norte de Europa de su vida. Sigismundo llego a una familia Judía, trabajadora, dura, respetuosa pero con un solo objetivo, una sola meta. En los ojos de Jacob solo se veía un horizonte, se veía la salvación, había que emigrar. En 1859 padre, madre, Sigismundo y su nueva hermana, tomaron el tren dirigiéndose a Leipzig. Pernoctaron durante un año, sus cuerpos no se acostumbraron, sus ilusiones ansiaban volar hacia Viena, la gran capital del Imperio, una de las ciudades más bellas e intelectuales del viejo continente.
Con cuatro años de vida, recorrió tres ciudades, sufrió junto a su familia los años duros y el duelo por el abandono de su cuna geográfica.
Por esos años, mientras Sigismundo armaba su aparato psíquico, realizando identificaciones en pleno Edipo, enloqueciendo a sus padres, nacía Antón Chéjov, gran escritor ruso, de la corriente naturalista y el mismísimo Gustav Mahler, muy cerca de donde Sigismundo daba sus primeros pasos. De la misma forma la feminista austriaca Bertha Pappenheim, nacía por estos pagos. Dos niños, Bertha y Sigismundo, sin conocerse correteaban por el mismo suelo empedrado de Viena, jugaban con sus carreteles, comenzaban a soñar pero en sus pequeñas cabezas nunca imaginaron que treinta años después sus vidas se iban a cruzar, cruce harto necesario para ambos.
Corría el año 65 del siglo XIX, el pequeño Sigismundo ingresaba al gymnasium. Educado previamente por su padre comenzaba a dar sus primeros pasos hacia el conocimiento externo, hacia las relaciones sociales, hacia los otros, pero Sigismundo leía mucho ya desde pequeño, uno de sus primeros libros fue La historia del Consulado y el Imperio, escrito por el historiador francés Louis Adolphe Thiers. Sigismundo fue un gran estudiante desde pequeño, era el más destacado de su clase siempre.
Los años seguían pasando en el viejo continente, Sigismundo comenzaba a empapelar su cuerpo con acne y vellosidades. En su adolescencia entre estudio y estudio creo junto a su amigo Eduard Silberstein La Academia Española una especie de asociación creada para debatir sobre la lengua castellana, los únicos miembros eran estos dos adolescentes. Tal se puede apreciar el amor de Sigismundo por la lectura y especialmente por Cervantes. Entre otros escritores amados por Sigismundo podemos nombrar a Goethe, Flaubert y Shakespeare, siendo este ultimo una gran medida en su vida.
Unos años antes de ingresar a la Universidad el amor llegaba a su vida llena de hojas, kerosén y silencio. Vio y se enamoro de la hija de un industrial de la zona, Gisela Fluss, pero como el destino del apellido de esa pequeña mujer lo marca paso de largo en la vida de Sigismundo quizás dejando alguna que otra marca. Así continúo con su intelectual vida intentando decidir sobre su futuro académico. En una carta hacia Silberstein le comentaba sobre su duda:
“Si alguien te pregunta sobre la carrera que he escogido, abstente de toda respuesta precisa y contesta algo así: un sabio, un catedrático, o cosas por el estilo”
Y así, con su cuerpo lleno de interrogantes en el año 1873 ingreso en la Universidad de Medicina de Viena. Dichos interrogantes fueron transformándose en ilusiones y en conocimientos. Durante su estadía universitaria sufrió el antisemitismo de sus compañeros, pasaba casi la mitad del día dedicado al estudio y frecuentaba cursos imposibles de perderse, por ejemplo el del gran filosofo Franz Brentano. También tuvo la posibilidad de realizar su primer trabajo de investigación con tan solo veinte años, el cual fue editado en la Academia de la Ciencias, luego se puso a trabajar con el Profesor Brucke.
Los ochenta lo sorprendieron traduciendo ensayos del filosofo J.S. Mill. y recibiéndose, por supuesto, de medico. No obstante en 1982 tuvo una sorpresa aun mayor y más grata, el amor. una joven cinco años menor a Sigismundo llego a su vida. Dejamos en sus propias palabras lo que esta mujer hizo en este gran hombre:
“No eres hermosa en el sentido que daría a esa palabra un pintor o un escultor…es en la bondad y en la comprensión donde tú sobresales”
Aquí además de sentir la pasión de estos dos jóvenes, vemos a un gran escritor, Sigismundo no solo investigaba y estudiaba, también transmitía esos conocimientos de una forma ejemplar, sus letras se hacían leer con mucho placer.
Así ya con una mujer entre sus brazos viajo solo hacia Paris a estudiar con J. M Charcot. Luego se casó y en el transcurso de diez años tuvo seis hijos:
- Mathilde (1887)
- Martin (1889)
- Oliver (1891)
- Ernst (1892)
- Sophie (1893)
- Anna (1895)
En esa misma década, mientras Sigismundo no apaciguaba su fecundación e investigaba y daba los primeros pasos de bebe de la ciencia que nos brindo, se hace uso de la tarjeta perforada, que hoy en día se puede apreciar un método similar en los CD-ROM, nacía Man Ray, Agatha Christie, Groucho Marx , Carlos Gardel. Asimismo Oscar Wilde nos proveía su genial obra, El retrato de Dorian Gray y Arthur Conan Doyle publica Las aventuras de Sherlock Holmes. En el 94´ Louis Lumière, inventa el cinematógrafo y se funda en la Sorbona (París) el COI, por iniciativa del Barón Pierre de Coubertin.
Y llegando al año del nacimiento de su última hija, Anna, escribe junto a su amigo Breuer Estudio sobre la histeria, que apareció por vez primera publicada en Deuticke, Leipzig-Viena. El cual me atrevo a afirmar que es el primer escrito de lo que hoy llamamos Psicoanálisis…
















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El malestar de la cultura - eLiceo.com dijo,
Junio 3, 2008 @ 7:02 am
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